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Versalles, 1649. En lo alto de una colina azotada por el viento, rodeado de pantanos y bosques, apenas se alza un simple pabellón de caza. Allí, un niño apodado el “Rey Sol naciente” solía acompañar a su padre, Luis XIII. Medio siglo después, ese mismo lugar se convierte en el palacio más fastuoso de Europa: símbolo de poder absoluto, epicentro del arte y jaula dorada para la nobleza, ahora totalmente controlada por Luis XIV.Esta es la historia de un joven rey visionario que convirtió su sueño en realidad. Pese a guerras, crisis económicas y escándalos personales, nada detuvo a Luis XIV en su ambición de construir su palacio ideal. Para lograrlo, se rodeó de los más grandes talentos de su tiempo: Le Vau, Le Brun, Le Nôtre y Mansart.Versalles no es solo una obra arquitectónica: es el reflejo de las pasiones y obsesiones del monarca. Un lugar de placeres juveniles con Mademoiselle de la Vallière, de intrigas políticas con Madame de Montespan, y de misticismo y poder con Madame de Maintenon.
